Jacobo Bergareche. Los días perfectos. Libros del Asteroide, Barcelona, 2021.

   
 

El autor.

Jacobo Bergareche (Londres, 1976) compagina la escritura con su trabajo como productor y guionista de series de ficción. Es autor del poemario Playas (2004), la obra de teatro Coma (2015), la colección de libros infantiles Aventuras en Bodytown (2017), el ensayo autobiográfico Estaciones de regreso (2019) y la novela Los días perfectos. Residió en Austin, Texas, durante cuatro años, en los que pudo investigar la correspondencia privada de varios escritores en el Harry Ransom Cente.

 



La Obra.



    

Otra vez que me dejé arrastrar por la masa. Vacaciones de Navidad, un libro de tamaño muy asumible (177 páginas), cinco ediciones a sus espaldas, arropada por alabanzas de importantes figuras literarias y elogiada por críticos distinguidos, calificada en los medios como libro del año, nada podía fallar, ante mí el reto de enfrentarme a un libro espléndido, del que sin duda iba a disfrutar. ¿No me habré confundido? ¿Qué me pasa? ¿Los excesos navideños me habrán alterado el juicio? Porque, señores, se lo tengo que confesar, así, de entrada: este libro no me gustó nada de nada. Lo siento. ¿Me estará pasando algo? ¿Qué me induce a ir a contracorriente de tanto experto? Lo acabé porque no me lo podía creer, tenía que descubrir algo, aunque fuera en la última página. Y no descubrí nada, como no fuera lo que ya sabía, que el amor nace con fecha de caducidad. Si lo quieren documentar, lean El amor dura tres años, de Frédéric Beigbeder, una historia de amor autobiográfica, o, ya en plan científico: el amor es un estado demencial temporal, que debe distinguirse del apego y del atractivo sexual, que es capaz de accionar las zonas del cerebro que controlan emociones, tal como señala la profesora e investigadora Georgina Montemayor, quien reconoce que esta situación "suele durar un máximo de cuatro años o hasta que aparece otro ser que despierta esa pasión romántica". Y si les parece bien, podemos rematar con una de las bromas, a veces tan cercanas a las grandes verdades, del escritor Martin Amis: “Al cabo de un tiempo, el matrimonio se convierte en una relación entre hermanos marcada por episodios de incesto ocasionales y bastante lamentables”.

Argumento. Luis, un periodista de Madrid, de unos cuarenta años, santanderino de nacimiento y juventud, cansado de su trabajo y su matrimonio, planea asistir a un congreso en Austin, Texas. El viaje es una mera coartada para encontrarse brevemente con Camila, con la que ha vivido una aventura de solo siete días (cuatro un año, tres otro), quien se ha convertido en el único aliciente de su vida. Pero justo cuando está a punto de partir recibe un mensaje de ella en el que le dice que viaja con su marido y que lo mejor es que lo dejen y se queden con el recuerdo. Desconsolado y sin saber qué hacer en Austin, se refugia, a la búsqueda de un reportaje que justifique el dispendio que hace su periódico pagándole el viaje, en un fabuloso archivo, el Harry Ransom Center, donde, entre millones de documentos de gran valor que pertenecieron a las figuras más relevantes de la cultura, el periodismo, la fotografía y la ciencia, se topa casualmente con unas cartas de William Faulkner a su amante Meta Carpenter. A partir de ahí, el protagonista escribe dos larguísimas cartas. La primera, a su amante. La segunda, a su esposa, en Madrid, con la que comparte tres hijos, una casa, un estatus y mucho tedio. En la primera recuerda esos días de pasión que convirtieron una ciudad sin el menor atractivo en algo así como el escenario perfecto para unas horas perfectas. Y le cuenta además cómo en una biblioteca local que guarda millones de documentos de escritores famosos ha hallado las cartas que William Faulkner escribió a su amante. En ellas se ve cómo el fuego se va apagando con los años. En su segunda carta explicará a su mujer cómo aquellos días, aquellas horas perfectas que vivieron como pareja, quedan cada vez más lejos, jugando al espejo con las cartas de Faulkner, el escritor preferido de ella.

Novedad: lo de utilizar a Faulkner y la reproducción fotográfica, por cierto deficiente, de algunas de las cartas amorosas y también de algunos de sus dibujos, que aportan veracidad a lo que se cuenta, podría convertirse en la tabla de salvación de una novela sin mayores sorpresas y a la que no negamos el buen uso de la lengua española y hasta de la inglesa. Lo demás, quizás el pan de cada día, por lo menos hasta no hace mucho, ya que ahora dicen que se va imponer lo del webinar, lo de todo online, con lo que se destierra la presencia física y la posibilidad de aprovechar para echar una cana al aire. Así que no me queda otro remedio que catalogarla de tópica. Ahora bien, la historia del hombre que por tedio busca aventuras fuera del matrimonio no se agotará nunca y a la gente le chiflan los tópicos. ¿Se debe a eso su éxito? ¿Se debe a eso los 10 mil ejemplares vendidos? A mí, a lo largo de la lectura de esta novela, en contra de lo señalado por los entendidos, no me arrastró ninguna fuerza narrativa y menos la encontré original. Me pregunto si esta opinión, la mía, nace de un afán de rebeldía ante tanta manifestación exagerada a su favor. Puede ser. En todo caso, a estas alturas puedo admitir cualquier cosa menos lo de que estamos ante una novela perfecta.

 

 

   
 

Yo quizá solo podría amar lo que nunca podré amar, lo inalcanzable.

   
 
 
 
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